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SADA, en donde nos encontramos.
HISTORIA
PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO
La Terraza
Sada actualmente
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As brañas
SADA, en donde nos encontramos.
EMPLAZAMIENTO Y CARACTERÍSTICAS GENERALES
El municipio de Sada, enclavado en el noroeste de la provincia de A Coruña, limita con los de Oleiros, Cambre y Bergondo. Su margen noreste está bañado por la ría de Betanzos. Tiene una extensión de 27 km2, divididos en ocho parroquias, tres costeras (Sada, Carnoedo y Veigue) y cinco interiores (Osedo, Mosteirón, Mondego, Meirás y Soñeiro). Su orografía es poco accidentada, con una altitud máxima de 170 metros en Muíño do Vento (Meirás).
Sus sectores productivos predominantes tradicionalmente fueron la pesca, con las industrias derivadas de la misma, y la agricultura, si bien hoy se ven claramente desbancados por el sector servicios. En el año 2008 contaba con una población de 14.036 habitantes.
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HISTORIA
1. Cultura Castrexa y romanización
Los orígenes de las primeras poblaciones que se asentaron en lo que hoy es el término municipal de Sada, son del todo inciertas. Florencio Vaamonde Lores afirmaba a finales del siglo XIX que “la población de Sada debe remontarse a época antiquísima: tal vez fuese un pueblo lacustre si hemos de dar crédito á una tradición que refiere que en las Brañas se encontraron enterradas vigas clavadas de punta y ligeramente quemadas” (Revista Gallega, 03/07/1898).
Hoy por hoy, los primeros indicios que tenemos de habitación humana corresponden a la denominada Cultura Castrexa, que se materializa en ocho asentamientos o castros esparcidos por toda la geografía sadense. Emplazados cronológicamente en época tardía, entre el siglo I a.n.e. y el III d.n.e., serían profundamente romanizados a partir de la anexión al Imperio, como se deduce de los vestigios hallados. De los ocho castros que conocemos, destacan por sus magnitudes o su singularidad los de Meirás (que, excavado por J. M. Luengo en los años 40, presenta numerosas sepulturas excavadas en la roca), San Amede (situado sobre el mar en la punta del mismo nombre) y Samoedo o Agra das Arcas (el mayor de la comarca y puede que uno de los mayores de Galicia). Al rededor de estos asentamientos, giran numerosos mitos instalados en la mentalidad popular. El escritor Manuel Lugrís Freire recogió alguno de ellos:
[…] preto de Sada, á man esquerda según se entra pola carretera da Cruña, hai un monte nomeado Lixandre, que sempre deu que pensar a nenos e vellos. Non se ten noticia de que se astrevera ninguén a entrar de noite naquela arboreda.
No medio do monte hai aínda un croio que non poden abrazalo dous homes, e que lle chaman a pedra das agullas. Decían noutros tempos que quen tocara a esta pedra morrería dentro dos nove meses xustos, debido a un encantamento que lle deran os mouros. Pola banda do Este está a moi nomeada Quenlle, que os homes sabidos din que foi unha mina de estaño no tempo dos fenicios, pero que agora é un sitio onde se xuntan de noite as estadeas, meigas e lugrumantes pra faceren palramento. Polo menos, así coidaban fai anos os viciños da vila, e non sei se pasará o mesmo agora. (A Carón do Lar, Edicións Castrelos, Vigo, 1973).
Otros fueron recogidos por el historiador Ángel del Castillo, que testimonia la creencia popular en que el castro de Samoedo fuera habitando por gigantes:
Cuéntase también del [castro] de Samoedo, que en una ocasión en que un niño, apacentaba su ganado muy cerca del montículo o trozo de parapeto que llaman o vixía, salió de éste uno de los gigantes; como lo viese el niño y se asustase, gritando y llorando se le acercó el gigante, acariciánmdole y diciéntole calla, calla; palabras que le quedaron por nombre. (“Los Castros Gallegos”, en Boletín del Circo de Artesanos de La Coruña, nº 1, El Eco de Galicia, A Coruña, 1907).
También el arqueólogo José María Luengo registró numerosos relatos referidos al castro de Meirás:
En el alto de Los Castros había hace muchísimo años, un castillo de unos grandes señores, que tenían una hija muy hermosa, y estaban rodeados por muchos pueblos enemigos. En una ocasión, estos declararon una guerra, que fue muy cruenta y, habiendo vencido a los señores del castillo, destruyeron el edificio y se llevaron presa a la hija de los dueños, dejándola encantada debajo de las piedras de la derruida fortaleza. Este encantamiento solo desaparecerá cuando, casualmente, acierte una oveja a pasar sobre la piedra y ponga casualmente en ella una de sus patas. (Excavaciones arqueológicas en el castro y su necrópolis, de Meirás (La Coruña), Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, Madrid, 1950).
A parte de estos asentamientos castrexos, se registran, como advertimos, vestigios arqueológicos que nos hablan de una intensa ocupación romana, así en los restos de algunas edificaciones como en elementos diversos. Destaca un ara votiva o altar dedicado a la deidad indígena Coso Udaviniago, descubierta en los cimientos de la iglesia de Meirás en 1909 y hoy custodiada en el Museo Arqueolóxico de A Coruña. También tiene gran interés un relieve empotrado en la muralla del cementerio de Soñeiro que nos muestra a un individuo togado, sin duda una lápida funeraria, como advierte su descubridor, el arqueólogo Juan Naveiro (“Un relieve de togado en Soñeiro (Sada-A Coruña)”, en Brigantium, A Coruña, vol. 5, pp. 271-276.).
2. La Edad Media
Para el estudio de la Edad Media contamos con un repertorio documental reducido y aún sin explotar. Poco conocemos, por lo tanto, de esta etapa de nuestra historia. El territorio de Sada, en un sistema feudal, se encontraba bajo la dependencia de la nobleza y del clero, más concretamente de las familias de los Condes de Présaras primero y de los Andrade después, y de los monasterios de Xubia y Sobrado.
Tenemos noticia de la existencia de un monasterio en Mondego, al cual en el 1086 le sería entregado un donativo por parte del titular de la familia que lo fundara, Froilán Petriz Vermúdiz, para su mantenimiento (Montero Díaz, S.: “La colección diplomática de San Martín de Jubia”, Boletín de la Universidad de Santiago de Compostela, nº VII, Santiago de Compostela, 1935). Igualmente, en el 1125, Petrus Froile hace donación al monasterio de Xubia de varias heredades, entre ellas la iglesia de Santa María de Sada (Id.), del mismo modo en que, en el 1165, el conde Suero Menéndez lega sus posesiones en la entonces denominada Sada de Cotesis o Codesos al monasterio de Sobrado (Loscertales de G. de Valdeavellano, P.: Tumbos del Monasterio de Sobrado de los Monjes, II, Madrid, 1976).
A nivel administrativo, Sada integraba, junto a otros de los actuales municipios de la comarca, el territorio de Nendos.
De nuevo Vaamonde Lores (Op. cit.) nos habla de las numerosas invasiones y saqueos de los que supuestamente fuera objeto la villa de Sada a lo largo de todo este período:
Incendiáronla los godos de Leovigildo y para colmo de su desdicha se cebó una peste horrible en sus habitantes.
Devastáronla los normandos en 816 y 859, y aunque la derrota de Coirós les debiera servir de provechoso escarmiento, en 969 volvieron á invadir las Mariñas de Betanzos y aún consiguieron una victoria contra el obispo Sisnando, pero fueron enseguida sorprendidos por el conde D. Gonzalo Sánchez con un buen cuerpo de tropa que los pasó a cuchillo. Las naves normandas fueron después apresadas y quemadas. Esta memorable batalla se dio en las cercanías de Sada, y el incendio de los buques debió operarse en la bahía.
Destruidos los normandos, otra nueva invasión se apoderó de la villa; los soldados del famoso Almanzor que sembraron el espanto en aquellas comarcas […].
En 1379 el duque de Lancaster volvió a pretender por muerte del Rey Enrique, el trono de Castilla, y con este motivo un ejército de portugueses e ingleses se apoderó de Sada como punto estratégico para dominar la ría de Betanzos, sitiaron esta ciudad y encontrando heroica resistencia, abandonaron el cerco. […].
También Sada experimentará en influjo de las peregrinaciones jacobeas. Según Francisco Vales Villamarín (“Las antiguas rutas jacobeas del territorio brigantino”, Anuario Brigantino, nº 25, Betanzos, 2002), una ruta hoy desaparecida y olvidada partía del puerto de Fontán, donde desembarcaban peregrinos procedentes mayoritariamente de Inglaterra e Irlanda, avanzando hasta Betanzos, donde entroncaban con el Camino Inglés.
3. Edad Modera
Durante la Edad Moderna, las parroquias que hoy configuran Sada estarán integradas en la jurisdicción de Miraflores. La población de la villa y sus inmediaciones experimentará un notabilísimo ascenso entre la segunda mitad del siglo XVII y el final del período, pasando de apenas un centenar de habitantes a más de mil.
Pero además, los siglos XVII y XVIII suponen el despegue económico de Sada. Gracias a los trabajos de Antonio Meijide Pardo, se conocen con bastante profundidad las dos grandes industrias que florecieron en aquella época: la textil primero, y la de la salazón de pescado después.
La primera de ambas industrias, que abarcaría el período comprendido entre los años 1674 y 1762, fue impulsada por los flamencos Baltasar de Roo y Adrián Kiel. En el 1674 fundarían una fábrica de jarcia y lona. Empezaron contratando mayoritariamente a personal especializado de origen flamenco, para pronto incorporar a buena parte da población sadense. La fábrica surtía de telas y cordeles a la Real Armada. Con el objeto de garantizar su seguridad se construirían las baterías defensivas de Fontán primero y Corbeiroa después, que hoy conforman el escudo de Sada. Esta pujanza se quebraría a la muerte de los fundadores, pues sus descendientes no tenían capacidades ni entendimiento entre si para continuar al frente. Finalmente, la propia Corona se hizo cargo de la fábrica, ya como Real Fábrica de Jarcia y Lona, revitalizándola en gran medida. No obstante, en el 1762 sería trasladada a Ferrol, en una ría más fácilmente defendible ante un ataque marítimo. Aprovechando la pujanza de la primera fábrica, Roo y Kiel pusieran en funcionamiento en el siglo XVII otras dos empresas similares: una fábrica de mantelería y lienzos, surtidora asimismo de la Casa Real, introduciendo el cultivo del lino en Galicia; y otra de paños, confeccionando productos de excelente calidad..
Con el declive de la producción textil y el traslado de la Real Fábrica a Ferrol, Sada viviría un importante decaimiento económico. Es en este momento de crisis cuando se empiezan a establecer un crecido número de empresarios o “fomentadores” de origen catalán para desenvolver su industria de la salazón del pescado en nuestra geografía. Desde las últimas décadas del siglo XVIII y durante la primera mitad del XX levantarían sus fábricas en los núcleos de Sada y, sobre todo, Fontán. La llegada de los catalanes a Sada suponía la recuperación de un sector productivo fundamental en su economía: el pesquero. Así, los denominados “mareantes” pasaban a trabajar para las fábricas de salazón, firmando contratos que los vinculaban a ellas. El nivel cuantitativo de las producciones sería realmente alto, si bien sus grandes beneficiarios serían los propios empresarios catalanes.
4. Edad Contemporánea
La Edad Contemporánea supondrá la creación del actual municipio de Sada, ya que con anterioridad las parroquias que hoy lo componen no guardaban ninguna vinculación político-administrativa entre si. En un primer momento, tras la aprobación de la Constitución de Cádiz, al municipio sadense se le atribuirán 9 parroquias, pero pronto le será segregada la de San Juan de Lubre, que se incorporaría a Bergondo. Comienza pues a existir una política municipal, al margen ya de las instituciones jurídicas y políticas del Antiguo Régimen.
En la Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas, durante la cual recobraron sus funciones defensivas las baterías de Fontán y Corbeiroa, Sada desempeñó, si damos por ciertas las palabras de Manuel Lugrís Freire, un papel significado. Un episodio de la misma, de tintes legendarios, tuvo lugar en la villa, cuando el regidor Rafael Colmelo hundió la lancha en la que transportaba al otro margen de la ría a un grupo de franceses, sacrificando su vida y evitando así una concentración de tropas en la posterior batalla de Ponte Sampaio.
Durante la primera mitad del siglo XIX, se desarrollarán las instituciones municipales, de las que tenemos escasa información, ya que los primeros libros de actas conservados datan de los años 50. La casa consistorial estaba situada en la parroquia de Mondego, donde tenían su residencia o sus quintas de recreo familias de gran influencia.
La política municipal obedecía entonces a los cambios que se producían a nivel estatal, vía alzamiento militar o vía elecciones. Así, con la Revolución de 1868, que ponía fin al período isabelino, se constituye en Sada una Corporación democrática, con un republicano, Salvador Casanova Martí, como alcalde. Posteriormente, durante la I República, asumirá el mando el republicano federalista Casimiro López Gándara, con el que el municipio participará en el movimiento cantonalista, declarando su independencia del estado y dotándose de una milicia propia. Será finalmente doblegado por las fuerzas estatales.
La Restauración borbónica supondrá el asentamiento del modelo de turnismo político, en el que dos partidos principales se alternarán en el ejercicio del poder. Se crearán así dos bloques o familias políticas, una liberal y otra conservadora, pero también surgirán los primeros movimientos sociales organizados. En la primera década del siglo XX se crearán las primeras sociedades agrarias y marineras, y llegará a Sada el movimiento “solidario”, impulsado por Lugrís Freire, y que en el municipio adquirirá un carácter anticlerical y anticaciquil. Ya en los años diez se fundarán algunos sindicatos de tendencia anarquista, así como numerosas asociaciones recreativas y culturales.
Los años veinte supondrán para Sada una época de avances, al convertirse, después de la construcción de la línea de tranvía que la unía con la capital herculina, en el lugar de recreo y veraneo de numerosas familias coruñesas. Además, la actividad de las fábricas conserveras estaba en plena pujanza. Las ofertas de ocio aumentarán, con la creación de salones de baile, cines, restaurantes... E incluso el entramado educativo se verá notablemente reforzado gracias a la obra de los emigrantes sadenses en New York, que financiarán la construcción de las escuelas laicas de Sada y sus Contornos. De hecho, fue el de Sada un territorio de emigración extraordinaria, con destino principalmente a Cuba, EEUU y Argentina. Entre 1922 y 1925 verán luz tres publicaciones periódicas, entre las que destaca la revista Mariñana, que se puede consultar completa en la página Web del Concello de Sada.
De la prosperidad que se adivinaba en esta época nos da una buena idea el siguiente texto de Manuel L. Freire-Calvelo:
Sada es una villa que se moderniza y prospera sensiblemente de día en día. A la belleza de la ría, comparable a los lagos suizos e italianos, une el modernísimo espectáculo de los chalets y casas de quinta y de recreo que por doquier surgen como caprichosos monumentos que adornan un inmenso vergel.
La línea de tranvías eléctricos que la une a La Coruña, pone a las mariñas y a su villa en continuo contacto y convivencia con la capital de Galicia […].
Qué jaleo, que barullo, que incesante movimiento, qué ir y venir, los domingos, del paseo de los muelles a las avenidas de Barrié de la Maza y Progreso a los salones de bailes y teatro “Moderno” y “Español”. Luego a los conciertos de “La Terraza” y “Alameda”. De noche a los debuts y sesiones de cine de los salones “Moragra” y “Couceiro”. Por las calles no se puede andar: ríos de gentes, tranvías y autos.
Es Sada verdadera villa de veraneo... Es divinamente inquieta, humanamente sugestiva. Hállase la población en el fondo de una ensenada en forma de anfiteatro. El verdadero puerto es Fontán, barrio muy original. Tiene no sólo un gran valor panorámico, sino, también, el de recordarnos que cerca de nosotros se yergue y vive una importante industria derivada de la pesca, tan extendida por toda Galicia, como lo es la de salazón y conservas.
Cerca de una docena de fábricas existen salpicadas a lo largo del bullicioso caserío fontanés, lleno de laboriosidad y de incesante trajín […].
En Sada se celebra diariamente un importante mercado, que, sin equivocaciones ni exageraciones podemos considerarlo a la altura del de La Coruña […].
Tiene la villa de Sada hermoso caserío y buenas edificaciones, especialmente en las calles de Linares Rivas, Portales, Iglesia, Castelar, Puerto, Obra, plazas del Conde, Pescadería y San Roque; en las Avenidas de Fontán, Marina, Progreso, Roque Barcia, Agustín García y Barrié de la Maza.
Su alameda se encuentra circundada de ornamentos públicos y en ella termina la línea de tranvías eléctricos Sada-Coruña.
Como se ve, la pintoresca, progresiva villa de Sada no solo es compendio de belleza, variedad y hermosura de paisaje, sino que es ejemplar de progreso cívico, venero de riqueza, estímulo de ulteriores empresas.
La gente de las Mariñas de Sada es de una amabilidad desconcertante. Todo el mudo habla al turista con cariño –con franqueza, casi con amistad. La vida es bella y el hermoso y templado clima de Sada invita a vivirla (El Eco de Galicia, 12/10/1926).
La llegada de la II República supondrá el reflorecimiento de los movimientos sociales, con la construcción de un entramado sindical de tintes anarquistas que agrupaba a un porcentaje muy significativo de la clase trabajadora, y la creación de entidades societarias y partidos políticos de todos los colores. Además, Sada contará con un hijo suyo en las Cortes, el diputado Ramón Suárez Picallo, notable periodista y orador.
La sublevación militar de julio de 1936 pondrá fin a ese proceso de expansión a varios niveles, con la desarticulación del entramado societario y el ejercicio de una represión sin precedentes sobre la población civil. La economía se resentirá profundamente, y se producirá un descenso demográfico importante, desde los casi 9.000 habitantes de 1936 a los apenas 7.000 con que contaba Sada en 1950. La emigración a América primero y a Centroeuropa después será una de las causas de este decrecimiento.
En los años 40, como consecuencia del desmoronamiento económico de otros sectores, tendrá su auge la industria de la producción de ladrillos y tejas, con la instalación de cerca de una docena de tejeras en las inmediaciones del humedal de las Brañas, de donde se extraía el barro. Será también a finales de esa década, en el 1949, cuando el pintor y ceramista Isaac Díaz Pardo cree la fábrica de Cerámicas do Castro, en el Castro de Samoedo, cuya producción se destacará a nivel internacional por su calidad y originalidad. En los años 70, asociados a las Cerámicas do Castro, nacerán el Museo Carlos Maside, que agrupa una importante pinacoteca de artistas gallegos contemporáneos, y Ediciós do Castro, una de las principales editoriales de Galicia.
5. Bibliografía recomendada
-GAYOSO BARREIRO, M. [2008]: 1928-2008. Sada y sus Contornos. 80 aniversario da escola, Deputación Provincial de A Coruña, A Coruña.
-LÓPEZ, G. [1997]: Aportacións para unha Historia de Sada, Ediciós do Castro, Sada.
-LUENGO Y MARTÍNEZ, J. Mª. [1950]: Excavaciones arqueológicas en el castro y su necrópolis, de Meirás (La Coruña), Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, Informes y Memorias, Madrid.
-MEIJIDE PARDO, A. [1965]: “Aportación a la historia industrial coruñesa: las fábricas textiles de Sada (1675-1762)”, en Revista do Instituto José Cornide de Estudios Coruñeses, ano 1, nº 1, A Coruña.
-[1995]: “La economía marítima de Sada y Fontán en la época precapitalista. Los salazoneros catalanes”, en Anuario Brigantino, Betanzos.
-NAVEIRO LÓPEZ, J. [1984-1985]: “Un relieve de togado en Soñeiro (Sada-A Coruña)”, en Brigantium, boletín do Museo Arqueolóxico e Histórico da Coruña, A Coruña, vol. 5, pp. 271-276.
-VAAMONDE LORES, F [1898]: “Notas históricas: la villa de Sada”, en Revista Gallega, A Coruña, nº 173, 03/07/1898.
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PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO
En el municipio se conservan vestigios arqueológicos de interés, como los ocho castros (Riobao, Samoedo, Meirás, Mosteirón, Espiñeiro, Taibó, San Amede y Punta do Castelo), así como otros sin identificar. También existen varios cruceiros barrocos, pazos interesantes de los siglos XV al XIX (Santa María de Sada, Castro de Samoedo, Castro de Enriba, Trasín, Fortiñón o Meirás), iglesias y capillas del XIX, y edificios modernistas de gran valor estético, entre los que sobresale el antiguo quiosco La Terraza, trasladado en los años 20 desde Coruña. Destacan también construcciones populares de valor etnográfico esparcidas por todo el término municipal.
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La Terraza
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