Debemos dejarle claro desde los primeros días: 1. Qué es lo que se le va a permitir y lo que no. 2. Lo que está bien hecho y lo que no. 3. Cuándo se juega y cuándo tiene que dormir. Para ello, existen unas normas básicas a seguir: - Dejaremos claro quién manda en la casa para que él establezca su lugar dentro de la familia que allí vive. - Mostraremos dónde tendrá la comida y la bebida. - No permitiremos que se suba en las camas y/o sofás si no queremos que más adelante lo haga. Ahora no hay problema, pero cuando sea adulto, no va a ser igual - Se le asignará un lugar para dormir, manta o caseta, donde lo llevaremos tantas veces como sea necesario a la hora de acostarnos. Llorará e intentará volver con nosotros (es cosa de dos días o un poco más). Ante esta situación, hay que mostrarse inflexible y no meterlo en nuestra habitación en la primera noche. - Lo ideal es elegir palabras cortas y sonoras para repetirle siempre. Algo muy interesante y a tener en cuenta es que si todos los miembros de la familia se ponen de acuerdo y utilizan las mismas palabras para las mismas órdenes le resultará más fácil entendernos y todo será más rápido. Si, por el contrario, cada uno le habla en un idioma o le permite cosas distintas, lo confundiremos y lo malcriaremos. - No se le debe dar comida en la mesa, o mientras estamos merendando entre horas, de ninguna forma. Se pasará el rato mendigando cosas y poniendo cara de pena, algo que hacen muy bien. Todo lo que el cachorro aprenda en esta etapa gracias a nuestra ayuda servirá de constante después. Si sabemos lo que queremos conseguir de él, intentemos enseñárselo desde que es un cachorro. Con constancia, paciencia y muchas ganas lo obtendremos. No es recomendable que el cachorro tarde mucho en entrar en contacto con la persona que lo va a tener después, pero tampoco conviene separarlo de su madre antes del mes. Tampoco conviene sacarlo a la calle antes de su vacunación completa, pero si este periodo se alarga demasiado debemos: - No permitir que vaya a zonas con elevada densidad canina. - No dejarlo en parques donde abunden las heces y orines de perro. - Ir acostumbrándolo a que haga sus necesidades fuera de casa. Todo esto se puede realizar con prontitud si vivimos en una casa de campo donde no hay otros animales o si tenemos la opción de sacarlo un ratito a un jardín para que juegue o corra. Una vez que el cachorro ha llegado al hogar, deberemos dejar que realice las inspecciones oportunas y que reconozca el lugar o entorno y las personas con las que va a convivir. Su entrada debe ser lo menos traumática posible, ya que separarse de su madre y hermanos para ir a un lugar donde todo es nuevo supone bastante estrés en un cachorro de dos meses o poco más. Aunque mejoren considerablemente sus condiciones, él se va a sentir estresado, nervioso, inquieto e incluso asustado en la mayoría de los casos. Irá buscando rincones donde esconderse y los sitios más tranquilos para descansar. Tendremos que mostrarle dónde está su zona de comida y el agua, dónde puede orinar y dónde no hasta salir a la calle.
|